El 22 de junio de 2002, el Estadio de La Cartuja en Sevilla fue el escenario de una de las gestas más memorables en la historia del Deportivo La Coruña. Enfrentándose al Real Madrid, el Depor llegó a la final de la Copa del Rey con un equipo que había demostrado capacidad y determinación a lo largo del torneo. La afición, que siempre había estado presente, llenó las gradas con banderas y cánticos, creando un ambiente electrizante que resonaría en la memoria de todos los que asistieron.

El partido comenzó con una intensidad palpable, y aunque el Real Madrid era considerado favorito, los jugadores del Deportivo no se dejaron intimidar. A los 27 minutos, un gol de Juan Carlos Valerón desencadenó una explosión de alegría entre los seguidores gallegos. La habilidad y la visión del centrocampista asturiano fueron cruciales, y ese primer tanto fue solo el inicio de una jornada histórica.

El Depor continuó presionando, y las acciones de Diego Tristán y Djalminha desbordaban creatividad y determinación. El Real Madrid, aunque famoso por su capacidad de reacción, se vio sorprendido por la solidez defensiva del Deportivo, encabezada por el central Jorge Andrade, quien se convirtió en un muro impenetrable. A medida que avanzaba el partido, los gallegos mostraron un juego fluido y atractivo que hacía vibrar a la afición.

El segundo gol llegó en el minuto 58, cuando un gran pase de Djalminha encontró a Tristán, quien superó al portero con maestría. Con dos goles a favor, la confianza del Deportivo se disparó y el equipo mostró su mejor fútbol. A pesar de los intentos del Real Madrid por revertir la situación, la defensa del Depor se mantuvo firme, y la afición comenzó a soñar con la victoria.

Finalmente, el pitido final desató la locura en las gradas. Deportivo La Coruña se coronó campeón de la Copa del Rey por primera vez en su historia, una hazaña que resonaría a lo largo de los años. La victoria fue celebrada no solo como un triunfo deportivo, sino también como un símbolo de la identidad gallega, un momento en el que la pasión, la historia y la tradición se unieron para escribir un capítulo inolvidable en la historia del club. La afición, que había sufrido y disfrutado con su equipo, encontró en ese triunfo una razón más para amar al Deportivo.

En los años posteriores, el legado de esa victoria ha perdurado, recordando a todos los que forman parte de esta gran familia que la historia del Deportivo La Coruña está llena de momentos épicos y que siempre habrá más por venir.